Devaneos, devenires y botellas...
Los días vuelan en la Corporación, las horas se escapan entre los dedos. Mis días se dividen en dos: la escuela y el piso.
No me quejo, estoy muy bien, jodidamente estable mentalmente y cómodo. Pero siento que se me escapa algo, que se me va el tiempo, que cada día nazco al amanecer y envejezco de golpe al irme a dormir.
Creo que sé lo que es, es normal que aparezca ahora, en el estado de calma total, de ausencia de brisa. Me da en la nariz que soy yo mismo pidiéndome que me meta en algo, que me involucre en algo, que ya basta de estar al margen.
Eso es bueno, ¿no?
Hacía tiempo que no me encontraba libre para pensar con libertad, calma, frialdad. Ya ni recordaba lo que se sentía. Es como sentirse más vivo por fuera y más muerto por dentro. Se apaga el fuego del corazón y cesan los relámpagos de la cabeza...
...y el silencio se vuelve ensordecedor.
No agobia, pero aprieta.
Tengo muchas cosas que pensar y mucho tiempo para hacerlo. No sé si tomármelo como un regalo, como una necesidad o como una obligación para conmigo. No sé.
La cuestión es que yo me devaneo en chorradas y en momentos presentes que olvidar en el futuro. El día a día no me da más de sí y yo rasco minutos nocturnos como este para ascender 6000 km y verme desde arriba, ver a los míos y a las otras hormiguitas y pienso en como arreglar esta vida hecha un lío, un cachondeo como decimos en mi tierra y poder leer la pegatina de la botella.
...esa que cuando la tienes cerca te impide leer la letra...
...la letra ya se ve...
...lo que no sé desde aquí arriba es si la botella está medio vacía o medio llena...
