Prioridades.
Realmente hay pocas cosas en esta p*** vida que merezcan la pena, ¿verdad? Pocas cosas que valgan, que sean de pura verdad. 100% verdad por dentro y por fuera, deberían poner. O 0% falsedad, 0% hipocresía, sin edulcorantes. Solo el jugo, amargo pero certero, sincero y duradero... verdadero.
Creo que cada cual tiene sus cosas, sus prioridades como yo las llamo (ya sabéis: la vida es cuestión de prioridades según la Corporación), para uno serán ideas, para otros situaciones, para menos, sentimientos, para todos, sensaciones.
Cosas como el trabajo ese que se te da tan bien, ese sueño que no dejas de perseguir, los amigos de lo bueno y sobre todo de lo malo, la familia, los hijos, los padres, los hermanos inseparables, los hermanos irreconciliables, los abuelos, los pequeños mejores amigos del hombre (en todas sus variopintas variantes)...
...el amor encontrado, el amor desperdigado, el amor perdido, el amor platónico, el amor cuasi eterno, el amor fugaz, el amor físico, el psíquico y el visceral. El que es a primera vista, el que te abre los ojos y el que te ciega.
Todos ellos...
El cariño, la pasión, la mirada, el roce, la tensión sexual no resuelta.
La paz interior, la guerra interior.
La sorpresa, sorprender, que te sorprendan, ser sorprendidos.
La risa, la carcajada, la sonrisa, su sonrisa, su risa.
La velocidad, la tranquilidad, la confianza, la autoconfianza, la sinceridad más cruel e hiriente.
Volar, flotar, subir, ascender.
Cambiar, no cambiar, la monotonía, la ausencia de monotonía.
La locura, la inocencia, la astucia.
Las personas.
Tus personas.
Tú.
Su felicidad.
Tu felicidad.
Estas son mis prioridades...
...es lo único por lo que merece la pena vivir... o morir. El resto, tonterías que inventamos los hombres para hacernos la vida más dificil a los demás y a nosotros mismos. El resto, no existe, no es nada.
El resto, ¿a quien le importa?
A mi no. ¿Y a ti?
